Ver Mensaje Individual - Socialdemocracia y nacionalismo
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Viejo 27/Aug/03, 22:10
patxi_arroeta
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Predeterminado Socialdemocracia y nacionalismo

Para todos los foristas en general, y en particular para los militantes del PSOE que debido a su juventud o a su falta de lecturas no sepan de qué va la izquierda democrática, la socialdemocracia, y se encuentren con la mente nublada por los mensajes estupefacientes de Maragall, Elorza, López, Chaves y Zapatero, copio y pego un articulito que escribí hace un tiempo ¿dos años?sobre el tema.

¿Me estaré convirtiendo en profeta?

Saludos de Patxi Arroeta.
Visita mi txoko. Actualizada la sección de hemeroteca sobre la izquierda:
http://orbita.starmedia.com/laozi/izda.html
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SOCIALDEMOCRACIA, LENINISMO Y NACIONALISMO

La línea divisoria entre el socialismo democrático y el totalitario incluye históricamente la opción internacionalista del primero frente a la nacionalista del segundo. La socialdemocracia, tanto si consideramos su origen marxista como especialmente su evolución democrática basada en la Ilustración europea, ha sido siempre internacionalista, y martillo de herejes de restos premodernos como son el clericalismo y el nacionalismo.

Sin embargo, la facción totalitaria de la izquierda que se originó con Lenin y fue llevada a su máxima expresión por su sucesores ideológicos Trotsky, Stalin y Mao Zedong, es decir, las mil y una cabezas del comunismo, han utilizado los nacionalismos como una potente arma para manipular a los pueblos incultos y conseguir el poder dictatorial como supuesta vanguardia del proletariado. Lenin despreciaba la libertad (libertad ¿para qué?), se valía de cualquier medio para alcanzar el poder (cuanto peor, mejor), y empleaba como armas la violencia y la mentira (contra los cuerpos la violencia, contra las almas la mentira). No es de extrañar su defensa de la autodeterminación de las etnias minoritarias y de los nacionalismos étnicos.

Podemos incluso remontarnos a los patriarcas del marxismo para ver la crítica a los nacionalismos como rémoras del progreso social. Friedrich Engels dejó escritas estas perlas: “No hay ningún país europeo que no posea en cualquier rincón una o varias ruinas de pueblos, residuos de una anterior población contenida y sojuzgada por la nación que más tarde se convirtió en portadora del desarrollo histórico. Estos restos de una nación implacablemente pisoteada por la marcha de la historia, como dice Hegel, esos desechos de pueblos, se convierten cada vez más, y siguen siéndolo hasta su total exterminación o desnacionalización, en portadores fanáticos de la contrarrevolución y así como toda su existencia en general es ya una protesta contra una gran revolución histórica. Así pasó en Escocia con los gaélicos, soporte de los Estuardo desde 1640 hasta 1745. Así en Francia con los bretones, soporte de los Borbones desde 1792 hasta 1800. Así en España con los vascos, soporte de don Carlos. Así en Austria con los eslavos meridionales paneslavistas (en sentido lato) que no son más que el desecho étnico de un desarrollo milenario sumamente confuso”.

En la poderosa Socialdemocracia alemana surgió la voz de Rosa Luxemburg que defendió el internacionalismo frente a la opción nacionalista del socialismo ruso capitaneado por Lenin. En 1908 publicó “La cuestión nacional y la autonomía” criticando duramente al partido de Lenin, quien respondió en 1914 con su tesis “Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”. Rosa Luxemburg dejó escrita esta sentencia universal: “Es evidente que la consigna de autodeterminación y todo el movimiento nacionalista constituye el mayor peligro para el socialismo internacional”.

La sangrienta paradoja de la historia es que el marxismo-leninismo, la expresión más brutal del totalitarismo de izquierdas y equivalente con su Gulag al nazismo de Auschwitz, ha sido históricamente el paladín del nacionalismo y la autodeterminación de las minorías como arietes para tomar el poder absolutista, pero igualmente se ha demostrado genocida una vez ha ejercido el poder. Stalin, el ideólogo de Lenin en esta cuestión, se reveló como el genocida de tártaros, chechenos, mongoles y demás etnias minoritarias una vez llegó a gobernar con mano de hierro la Unión Soviética, que curiosamente gracias a él proclamaba sobre el papel el derecho de autodeterminación de los pueblos que componían la URSS.

Muchos movimientos durante el proceso de descolonización de mediados del siglo XX abrazaron el marxismo-leninismo como soporte ideológico para la independencia y la revolución (Vietnam y otros pueblos asiáticos, Cuba y Latinoamérica), y ahí está el sangriento resultado de semejante ideología. ETA nació igualmente como movimiento etnicista vasco que, frente a las tendencias predominantes cristiano-demócratas del PNV de los años cincuenta, basaba ideológicamente su extremismo violento en el marxismo-leninismo. Por eso los postulados autodeterministas de ETA han sido siempre apoyados por maoístas, castristas, trotskistas y por Izquierda Unida, máscara amable del comunismo español.

Por contra, la socialdemocracia, la responsable de las mayores cotas de libertad y de bienestar económico no sólo de Occidente sino del mundo entero, siempre ha defendido los principios básicos de la modernidad, la democracia parlamentaria frente al totalitarismo, la ciudadanía frente al etnicismo, la diversidad frente a la pureza, la pluralidad frente al apartheid, el universalismo frente al localismo, el internacionalismo frente al nacionalismo, la unión de entidades políticas cada vez mayores frente al principio reaccionario de la autodeterminación.

Resulta en cualquier caso curioso que parte de nuestro socialismo democrático actual, sin duda por su analfabetismo cultural y su falta de conocimientos históricos, vaya en estos temas de la mano con esa peligrosa izquierda posmoderna eco-comunista, fruto de la coyunda de la momia marxista-leninista con el retro-ecologismo ligado al romanticismo reaccionario.

Aquellos socialdemócratas, pocos afortunadamente pero ruidosos como Maragall o Eguiguren, que no sólo pactan con los nacionalismos retrógrados sino que hacen suya esa ideología, son aprendices de brujo que no han aprendido nada de la historia universal, y mucho menos de la historia del socialismo democrático. Su inconsciente admiración por Lenin puede traer peligrosos efectos colaterales para la democracia en España, y en cualquier caso años de predominio de la derecha moderna en el gobierno de nuestro país si sus planteamientos son escuchados por un Zapatero ignorante de los valores tradicionales de la izquierda moderna e ilustrada.
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